Publicado en 𝘊𝘶é𝘯𝘵𝘢𝘮𝘦 𝘵𝘶 𝘏𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢, Vida Diaria

¡Feliz Día de Acción de Gracias!

Hoy damos GRACIAS por la vida. Luego de tiempos tan difíciles poder estar y continuar haciendo las cosas que nos apasionan es la mayor de las razones para dar gracias. Por ustedes, nuestros seguidores por su confianza, consejos y soporte. Porque nuestro único propósito es que los que estamos en la Diáspora podamos tener un pedazo de nuestra isla en donde quiera que estemos y a la vez dar a conocer nuestra cultura culinaria tan exquisita y única con el mundo. ¡Agradecida siempre!

Nuestro menú será; Pavo (Pavochon) relleno de Arroz con Longaniza, Ensalada de Papas (la de mi mamá), Guineitos en escabeche, Coquito Tradicional y Pecan Pie. Todo hecho en casita y en familia ❤¡Feliz Dia de Acción de Gracias!

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Nuevo y ajeno

Mi nombre es Yaritza Santos Rosa. Soy de Corozal, Puerto Rico. Soy parte de la gran cantidad de personas que han dejado su patria para avecinarse en otros lares. Hace dos años migré con toda mi familia a Carolina del Norte, Estados Unidos. Todo comenzó en julio del 2018 a raíz de una propuesta de trabajo que le hicieron a mi esposo, Joel Pérez López, que requería relocalizarse fuera de la isla. Mudarnos a este país no era un plan que teníamos en mente, fue algo que nos tomó por sorpresa. Teníamos que tomar un decisión en muy corto tempo. Después del huracán María que azotó a Puerto Rico en el 2017, formalizarnos en Estados Unidos parecía una buena oportunidad para todos.

La transición fue un poco difícil al principio, ya que aunque nos mudamos a un lugar hermoso, todo se sentía nuevo y ajeno. Extrañábamos mucho nuestro círculo familiar, amistades y el calor de nuestra isla. Una vez establecidos, comenzamos a explorar el sector y lo primero que identificamos fue que la población hispana era muy pequeña en nuestra área. Aunque al comienzo nos sentíamos un poco huérfanos, vivir fuera de Puerto Rico nos ha dado la oportunidad de poder confraternizar y crear amistad con personas de otros países que hablan otros idiomas. Ya han pasado dos años y medio desde que emigramos y se ha convertido para nosotros en una vivencia enriquecedora poder compartir nuestra cultura, creencias y nuestro gustoso paladar con nuevos hermanos y a la vez aprender de su sociedad y tradición.

Uno de los desafíos que nos ha tocado enfrentar ha sido la búsqueda de los productos puertorriqueños que estábamos acostumbrados a conseguir en los supermercados de nuestra isla. Donde vivo, los productos puertorriqueños son sumamente limitados y es un verdadero reto encontrar mercancía comestible típica como: sofrito, plátanos, verduras, entre muchos otros que acostumbramos tener en nuestros hogares. Muchas veces, me ha tocado viajar largas distancias a estados vecinos para conseguir los ingredientes principales de ciertos productos para poderlos recrear en casa. Al mismo tiempo, he aprendido mucho y mi creatividad ha crecido significativamente.

A raíz de la decisión de mudarnos, mi rol en la familia cambió mucho. Sin familia como apoyo, tomamos la decisión de quedarme en la casa, enfocarme en la familia y hacer de esta mueva aventura una más llevadera para todos estos primeros años. Definitivamente me he reinventado de diferentes maneras. Me he enfocado en recrear recetas boricuas para mantener la tradición viva y sentirnos más cerca de casa. La cocina se ha vuelto mi lugar favorito y un pasatiempo que he comenzado a disfrutar mucho. Esto me ha ayudado a conocer mejor la gastronomía de mi isla y ciertamente valorarla.

En el futuro nos encantaría volver a nuestra isla amada; extrañamos tanto de ella. Mientras, estamos agradecidos con esta nueva oportunidad que se nos ha presentado. Seguiremos esforzándonos por mantener viva y presente nuestra cultura en la familia. Continuaremos cumpliendo sueños y metas, mirando al futuro con esperanza. Siempre orgullosos de nuestras raíces. ¡Un cálido abrazo a toda mi gente de puertorriqueña!

Si quieres participar de nuestra sección de “Cuéntame tu Historia” simplemente contactanos por cualquiera de nuestras redes sociales, a través de nuestra página web Yo Soy Diáspora o por email yosoydiaspora@gmail.com

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Un Boricua en Alemania

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Mi nombre es Alex y viví en Sabana Grande, Puerto Rico. Comencé a ser parte de la diáspora hace 15 años cuando recogí mis pertenencias y me despedí del lugar que fue mi cuna. El lugar que me cuidó del huracán Hugo y de las tradicionales tormentas tropicales. Donde en los fines de semana la pasábamos limpiando los “screen” de toda la casa y donde me encontraba con mis amigos para ir a la cancha. Aquellos momentos no los olvidaré nunca. Rendir y dar todo al no soltar una lágrima sabiendo que extrañaría el calor de las madrugadas. El canto del gallo bandolero, que arruinaba mis reposos con su himno de las madrugadas. Cerré la puerta de mi cuarto, le di un beso a mami y me fui. De la docena de lugares que me han acomodado, el primero fue Guánica. No muy lejos de mi hogar, pero ese fue el comienzo de diversas paradas que finalizaron en Europa.

Suiza, el país del mejor chocolate del mundo fue mi segunda parada. Integrarme a un nuevo idioma, a personas de extrañas maneras de expresarse, el descifrar aquellos jeroglíficos que se encontraban en todos lugares desde la televisión hasta el las latas de cervezas, nada de eso lo recompensaba una barra del mejor chocolate. Sin embargo, el comienzo y el final de las estaciones del año me recordaron aquel decir, “Si quieres algo déjalo ir…”.

Tres años y medio más tarde me encontré en la famosa “América”. Aquel brinco que dan muchos en la isla, ya que en ese lugar al menos encuentras caras conocidas y se puede reconocer el idioma. Nos sentimos como en casa de un vecino. Así también pude servir a la “libertad” en la que vivimos. Mis noches comenzaron a ser inconsecuentes cuando aquellas cervezas extranjeras comenzaron a borrar memorias de mis amigos, de Medallas frías cuando la policía nos ordenaba a bajar el tono de voz, de las fichas de dominós que no se comparaban al sonido alto de las risas borrachas de mis amigos. Esas eran más que nuestras fiestas periódicas de todas las noches en la esquina de mi casa. Pero al menos, el ejército hizo más simple el proceso de integrarme. Desde Fort Leonard Wood hasta Colleman Barracks en Alemania, desde Kuwait hasta Afganistán y de regreso a Alemania. Viviendo con las maletas listas durante más de cuatro años, fue una experiencia única.

Me enamoré y me despedí de todo. Fui al infierno y regresé a una familia. Mi familia. Pasé a una nueva etapa de la vida, mis hijos. No fue difícil rechazar una crianza al estilo americano así que me quedé en Europa. Como toda forzada rutinaria vida trabajo, pago los impuestos y compré una casa. Mis niños están formando su propia niñez, con uno de los mejores programas de educación escolar del mundo que le ofrece también estudios universitarios gratuitos y con un gobierno que le ofrece seguridad médica a todo ciudadano. Hay corrupción en la clase política, pero el pueblo tiene sus servicios. Ese fue el momento en que olvidé la posibilidad de un regreso mi isla Puerto Rico.

Aquí abrí las puertas a nuevos horizontes, nuevas culturas, a estudiar los jeroglíficos escuchado, hablando y escribiendo. Me sentí en ese momento como todo un alemán. Aprendí sus costumbres y tradiciones. También aprendí otras tradiciones de países vecinos. A pesar de todo, aquí sobreviví un cáncer que me iba a costar la vida. En mi país tropical me hubiera muerto por falta de un plan médico.

Reconozco que no soy eterno y al final me volveré a convertir en energía. Cuando eso suceda, aquí se quedará mi cuerpo. Pero muy adentro, siempre recordaré de aquel decir, “Si quieres algo”. Podré hablar otro idioma, pero siempre seré un borinqueño.

Alex, Boricua en Alemania.

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Viviendo Exiliada

Viviendo Exiliada

Hace casi tres años tomé la difícil decisión de irme de mi amado Puerto Rico. Justo había azotado el huracán María dejando a su paso el desastre y la incertidumbre que un fenómeno como este suele provocar. María nos dejó sin empleo, con muchas deudas y con pocas esperanzas de recuperarnos de tal azote. Agobiada por tanto comencé a explorar cuál sería mi próximo destino. Obviamente para nosotros Estados Unidos es la primera y más fácil opción por ser ciudadanos estadounidenses. Sabía que ir a New York y Chicago que es donde viven tíos y primos no era una opción para mi, pues soy del trópico y no me gusta el frío extremo. Entonces comencé a mirar los estados en donde vivían mis amigos, ya que soy creyente de que debes tener algún tipo de sistema de apoyo. Atlanta fue la elección.


Empaqué lo que podía y salí con una maleta llena de esperanzas y ganas de salir adelante. Al llegar, mi meta era encontrar cualquier tipo de trabajo. Y así fue. Mi primer trabajo lo conseguí tras dos semanas en Georgia. Era un trabajo lejos de mi preparación académica, muy humilde, pero pagaba mis cuentas. Mi primer choque fue el idioma. Tú, que has estudiado tanto, que has hecho mil exámenes en los que has sacado buenas notas y de hecho tienes un título que acredita tu nivel… llegas a tu destino y no entiendes tres de cada cinco palabras que te dicen. El acento es completamente diferente, hablan rápido, acortan palabras… no es lo que tú has aprendido y el hecho de que tengan que repetir la misma frase varias veces hace que te sientas frustrado. Esto puede hacer que tu auto confianza disminuya momentáneamente. Es importante que comprendas que esto inevitablemente puede suceder, pero que como tantas otras cosas, pasará. Cuando tu oído se acostumbre, conozcas gente y tengas que hablar sí o sí, verás como sin darte cuenta, serás uno más de esos que hablan deprisa y no se les entiende. Perderle el miedo le digo yo.

Cuando comienzas a vivir en un lugar diferente tus emociones se multiplican. Tanto las sensaciones positivas, como las negativas, incrementarán. Cuidado con los pensamientos negativos pues junto a la añoranza de tu familia y amigos, en ocasiones harán decaer tu autoestima.


En mi caso hago dos cosas, primero trato de hablar con mis padres lo más que pueda y el FaceTime es una herramienta indispensable. Es casi como tenerlos junto a mi, con el mismo calor y amor. Lo segundo. trato de mantener un estilo de vida lo más cercano que pueda al que tenía en la isla. Es decir, trato de comer las mismas cosas y de escuchar noticias y música de Puerto Rico. En fin, tratar de mantenerte conectado para no perder tu esencia a la misma vez que vas creando un nuevo círculo de amistades y costumbres en el lugar que te encuentres. Recuerdo que al llegar aquí lo primero que hice fue buscar en las redes sociales grupos de Boricuas y latinos. Por lo general, en estos suelen crear eventos para que puedas conocer gente. Hablarás con muchas personas, te contarán que hacen y que les ha llevado hasta allí y cada una de ellas te aportará algo diferente. Aprende lo más que puedas.


Debo añadir, y en mi caso es una de las cosas más difíciles, que el clima del lugar del destino puede suponer también un gran reto. Vivir en latitudes diferentes implica inviernos más largos, más fríos, más oscuros y muchas menos horas de sol al año. Y no es solo por el frío, la falta de claridad y calor pueden inducir a tener poca actividad física y por ende cambios en tu cuerpo. Puedes aumentar de peso, tener cambios en la piel, incluso puede interferir en tu estado anímico. En mi caso, el cambio en la piel siempre se agudiza en invierno, en cuanto al peso he estado en los dos extremos, muy delgada pero también con varias libras extras. Pero no nos engañemos, los puertorriqueños tampoco estamos acostumbrados al clima caliente extremo como se da por ejemplo en Arizona. Es solo que en mi caso no les puedo hablar de eso porque en Atlanta es bastante parecido al de la isla. Mi recomendación es que en invierno busques realizar actividades “indoor” como el cine, el teatro, busca un buen libro para leer y en verano aprovecha al máximo las actividades al aire libre.


En fin, vivir en un país diferente es un acto de valentía. Debes superar el hecho de que te perderás momentos y fechas importantes a nivel familiar. En el camino te das cuenta quiénes son tus verdaderos amigos. Sin embargo, cada meta cumplida y cada logro te empodera para darte la fuerza que necesitas para seguir adelante. No es un camino fácil, sobretodo cuando estás comenzando, pero no dejes que esto te desvíe de tu meta. Lucha, resiste que como dice la canción “Esta raza siempre es brava, aunque sople el temporal”.